Aceptar
El apetito de riesgo no está para formular una posición general. Está para fijar un límite.
El apetito de riesgo no sirve si no permite decir “esto no”.
Serie: Aceptar. Ver. Decidir.
Tres exigencias simples del órgano de gobierno.
Buena parte del gobierno del riesgo, en realidad, se juega ahí.
Se habla mucho de apetito de riesgo. A veces como si bastara con aprobar un texto correcto y dejar constancia de una determinada tolerancia.
Desde la lógica del órgano de gobierno, no es eso lo importante.
Lo importante es que exista una frontera reconocible entre lo que la compañía puede asumir dentro de un marco razonable, lo que exige mitigación adicional y lo que ya no debería tratarse como una cuestión ordinaria de gestión.
Ahí está el valor real del apetito de riesgo.
No en su formulación, sino en su utilidad para ordenar decisiones y evitar ambigüedad. Porque cuando esa frontera no está clara, pasan cosas bastante conocidas: se normalizan tensiones que no deberían normalizarse, o se eleva todo sin criterio suficiente.
Ninguna de las dos situaciones ayuda.
Supervisar no es gestionar. Pero tampoco consiste en aprobar declaraciones generales y dar por supuesto que con eso el marco ya existe.
Un órgano de gobierno serio no necesita una pieza bien redactada sobre tolerancia al riesgo. Necesita saber, con un mínimo de claridad, qué puede aceptarse y qué ya no debería quedar absorbido por la inercia de la gestión.
PD – Inicio hoy una serie breve sobre tres exigencias bastante básicas del órgano de gobierno en materia de riesgo: aceptar, ver y decidir.
